jueves, 13 de noviembre de 2014

y es que quizás
nunca fuimos felices
como pensamos 


haiku nº 16
"it's never too late, we have the rest of our lives"

viernes, 7 de noviembre de 2014

la lluvia cae
y, despacio, junto a
ella, nosotros

haiku nº 15
"beautiful rain"

miércoles, 15 de octubre de 2014

sábado, 4 de octubre de 2014

Don't cry, I know you are trying your hardest.

Me desperté al notar tus piernas rodeando las mías, y tras frotarme los ojos con las manos, comencé a contextualizarlo todo. Eran las cuatro de la mañana, la noche anterior habíamos hecho salvajemente el amor y habíamos cenado comida china. Me zafé de tu enredo y, como mejor pude, llegué hasta la mesa de la cocina; estiré el brazo para llegar a coger la cajetilla del tabaco y me acerqué a la ventana para fumar. Mientras me encendía el cigarro, posé los ojos en el cielo; las nubes se negaban a dejarme ver las estrellas, así que entrelazando monotonía y recuerdos, pensé en cuando nos conocimos. Me dijiste que cuando el primer copo de nieve cayese, te marcharías de mi vida para no regresar de nuevo, condición que me hizo reír ya que en esta ciudad raramente solía nevar. Sin embargo, te encogiste de hombros y no cambiaste de parecer, así que no tuve más remedio que aceptar. El cigarro se consumió del todo, así que tiré la colilla por la ventana y la cerré, echando las cortinas. Me alejé hasta llegar a la puerta, aunque cambié de idea y me senté en una silla de la mesa. Apoyé la cabeza encima de la tabla de madera y me permití seguir pensando en ti, en nosotros. Para que negarlo, estaba tan enamorado de ti que no me importaría que me matases con tus propias manos solo para saber que lo último que veo fuese tu rostro una última vez. Estaba a punto de quedarme dormido cuando apareciste por la puerta. Tenías el pelo revuelto e ibas en bragas. Sonreí ante semejante imagen, y rascándote la nuca, te acercaste a mí y me besaste la frente antes de acercarte a la ventana. Retiraste las cortinas y te quedaste observando el cielo, y entonces sonreíste de manera tan triste que me dieron ganas de pedirte que no lloraras, aunque ni siquiera lo estuvieses haciendo. Formulaste algo con los labios, nieve. Me acerqué incrédulo a la ventana, haciendo caer la silla en el proceso, y se me cayó el mundo a los pies cuando vi los copos blancos depositándose suavemente sobre el suelo. Me miraste con lástima y, tomándome de la mano, quisiste llevarme de vuelta a nuestra habitación. Me senté en la cama, y observando con cuanta facilidad eras capaz de hacer las maletas, me pregunté si yo encontraría dificultad alguna para recoger los restos de un alma rota.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Sentir el peso.

Para Barbitas, una vez más, por darme un tema para escribir.


Dicen que los recuerdos son lo único que no cambian cuando el resto de cosas si lo hacen. Hoy comienza el otoño; las hojas, suicidas, se lanzan al vacío desde las copas de los árboles, tal vez ebrias de la vida. Un niño, sin embargo, decide salvar a una de ellas de estrellarse contra el suelo. Ojalá me hubiesen salvado a mi también. Yo antes solía rezarle a Dios o a lo que quiera que haya encima nuestro, pero una vez me había dado la espalda, ¿por qué seguir rogándole a ese cabrón?
Regreso a mi casa y la tele está encendida. Me acerco y la miro, un programa de dibujos animados. Me río ante la absurda idea de lo que esto representa. ¿Qué niño iba a ver la tele si el único que debía hacerlo desapareció hace años? Apago la tele y voy a la cocina; me abro una lata de cerveza y me siento en una silla. Las facturas se arrinconan en un lado de la mesa, aunque no las presto atención. El banco pretende quitarme la casa y sinceramente no puedo importarme menos. La cerveza se acaba y abro otra lata. Reparo en el cenicero lleno de cigarrillos, así que me encojo y me enciendo uno. Una vez se ha consumido entero, vuelvo a prestarle atención a la cerveza. Entre trago y trago, me permito pensar en ti. ¿Qué estarás haciendo ahora? Creo que volviste a casarte, y, para ser honesto, me habría encantado haber asistido a tu boda. La verdad es que me gustaría preguntártelo, el hecho de por qué fui la única persona a la que te negaste ver, pero la única forma que tengo de escuchar tu voz es -o era- mediante el contestador automático, aunque ahora ha sido sustituido por una fría voz que me informa de que el número al que llamo no existe. Sonrío un poco cuando noto las lágrimas aventurándose por mis mejillas, aunque no me molesto en retirarlas. Llegados a este punto, mi mente me redirecciona a él; jugando en los columpios, su primer día de colegio, el día de su cumpleaños, curándole aquella herida de la rodilla que le hizo cicatriz, su cara al ver el mar... Ojalá nunca se hubiese ido, ojalá fuésemos la familia que queríamos formar hace tanto.
Dicen que los recuerdos son lo único que se mantienen inalterables cuando el resto de cosas cambian de manera constante; y, mientras me enciendo el último cigarro de la cajetilla, me doy cuenta de que no se equivocan al afirmar tal cosa.

domingo, 14 de septiembre de 2014

nunca pensé que
tu alma pudiese ser
así de fuerte


haiku nº 13
"ojalá se pareciese a la mía"

domingo, 24 de agosto de 2014

Heartsick.

Si tuviese que describirte con una palabra, sería agua. La mañana en la que abrí los ojos y te vi dormido, con tu torso desnudo semioculto por las sábanas y el pelo desordenado, sentís ganas de llorar. Me giré para poder abrazarte con fuerza, albergando la vaga esperanza de que así podría retenerte a mi lado; abriste los ojos y, mezclando una suave risa con bostezos, murmuraste que la que nunca podría escapar sería yo. Sin embargo, una mañana abrí los ojos y no estabas entre mis sábanas. Me habías abierto una jaula que mantuve cerrada tanto como pude.
Siempre has sido agua; porque pese a poder sentirte o verte, nunca he podido sostenerte o atraparte entre mis manos, siempre escapando de mí. Somos almas gemelas condenadas al fracaso.