sábado, 31 de marzo de 2012

Epílogo de Sin nombre.


Recordaba esta sensación. Es la misma que sufrí cuando estuve en coma en el hospital (para ese entonces yo no sabía que me pasaba). Pero ahora había realizado esto voluntariamente para encontrarme con Andy. Pero no lo encontré.
Lentamente, la angustia me carcomía por dentro. ¿Dónde estaba Andy? Me sequé hoscamente las lágrimas de las mejillas con las manos. ¿Lo había vuelto a perder? ¿De nuevo? Deseché rápidamente esa idea, no podía perder algo que realmente nunca tuve. Pero pensé, que, tal vez... podría encontrarle de nuevo, aunque fuese por última vez. Rogué en silencio, sin apenas moverme, pensando que eso me ayudaría a cumplir mi deseo. Nada.

Me levanté, o lo que fuese ese movimiento que realicé, y comencé a andar sin rumbo alguno. No podías decidir en que dirección andar únicamente porque todo lo que se veía era oscuridad. Suspiré y me rendí. Y, de pronto, los arrepentimientos me vinieron rápidamente a la cabeza. ¿Quién en su sano juicio habría hecho lo que yo hice? O mejor dicho, ¿por qué? Nadie me había garantizado que lo fuese a encontrar, prácticamente me lancé a la aventura con los ojos vendados.
Y, de pronto, el viento (vale, me había vuelto rematadamente loca, ¿el viento? ¿en un lugar como aquel?) o lo que quisiera ser, me susurró su nombre. Venía de todas direcciones, en ocasiones se oía más claro y fuerte que todas, pero me dio una fuerza más para seguir luchando entre toda esa oscuridad. No sabía hacía donde estaba corriendo, pero la verdad es que no le prestaba demasiada atención. Sabía donde iba a encontrarlo. Ignoré todas las veces que caí y volví a levantarme, no eran importantes.
Y, de pronto, me paré en seco. Estaba allí, sonriéndome, mirándome directamente a los ojos. Era él, sin duda. Sentí las mejillas húmedas, e intenté moverme hacia él, pero el cuerpo no me respondía. De repente, comenzó a reír; su cantarina risa me provocó la risa a mí también, y allí estuvimos los dos riéndonos. Y, sin apenas darme tiempo para reaccionar, me encontré protegida entre sus brazos. Alcé la mirada, y apenada vi que lloraba. Le quité las lágrimas con las yemas de los dedos, y le sonreí lo más fuerte que pude, como hacíamos de pequeños. Río un poco más y me abrazó más fuerte, para que no pudiese escapar, para que estuviese con él para siempre.
Pero realmente lo había echado de menos, a él y su manera peculiar de abrazar, su olor, su pelo, su tacto, su respiración, sus latidos, sus movimientos, su risa, todo él.
De pronto, me cogió de la barbilla para alzarme la cara y me obligó a mirarle a los ojos. Enrojecí levemente ante la intensidad de su mirada, y sonrió ampliamente. Y me besó, suavemente, con cariño.
Después de un rato, me separé de él y apoyé la cabeza en su hombro.
-¿Sabes qué? –Susurré.
-Dime. –Sonrió Andy.
-Te quiero. Muchísimo más de lo que piensas. –Su sonrisa fue aún más amplia- No lo olvides.
-Como ya te dije una vez... Te quiero Trucy, nunca lo olvides, ¿vale? *

Sonreí tristemente ante esas palabras. Nunca las podría olvidar, desde luego. Cerré los ojos, disfrutando de su contacto, hasta que me sacó de ese pequeño trance su melodiosa voz.

-¿Sabes qué? Me encantaría volver a renacer contigo algún día. Y vivir la vida que desaprovechamos, pero esta vez juntos de verdad.
-A mí me gustaría también, -suspiré- pero no sé el método para conseguirlo.
-Es fácil, solo hay que pensar que volvemos a morir de nuevo, e intentar localizar un cuerpo humano que todavía no haya recibido un alma, algo así como un recipiente vacío.
-Podríamos intentarlo, ¿pero y si sale mal?
-Nos volveremos a encontrar aquí, te lo prometo. –Me cogió suavemente de la mano.
-Vale, intentémoslo. Pero, por favor, no me sueltes en ningún momento. Por favor.
-No lo haré –susurró muy cerca de mi oído.

*Es lo que la dijo antes de morir.

miércoles, 28 de marzo de 2012

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Mary miró hacia la ventana. Llovía. Suspiró. Estaba harta de la lluvia, pero tampoco quería ver el sol. Sonrió en sus adentros; era rara y lo sabía. Era simplemente que todo lo recordaba a él.
Se preguntó que estaría haciendo ahora si Henry estuviese allí. Revivió su imagen en su cabeza, abriendo así múltiples heridas. Pero, ¿acaso importaba ya eso? Su sonrisa, sus ojos, sus manos, su manera de besarla, la primera vez que hicieron el amor... Se secó las lágrimas, pese a que sabía que perdía el tiempo. Solía pararse a pensar si tenía alguna razón por la que luchar, alguien por quien seguir adelante, algo que la atase a la vida con semejante fuerza. Sí, tenía una antes, y se llamaba Henry. Pero ahora que estaba muerto, ¿por qué iba a seguir allí? Lo había amado desde pequeña, y ella le había correspondido. Así qué, ¿por qué no intentarlo?
Supo que tenía que hacer. Subió al desván, y entre cajas y recuerdos del pasado, encontró la vieja revólver de su padre; bajó a su habitación y recordó por última vez su vida.
Asió el gatillo y cerro los ojos.
Kaboom.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El chico de los tulipanes.

Joseph siempre madrugaba para ir a aquel parque. Sabía que ella pasaría por allí y se sentaría, como hacia todos los días. Fantaseó por el camino. ¿Cómo sería el roce de sus labios? ¿Y el tacto de su pelo? Entre sueños y fantasías, llegó al banco y depositó el tulipán; y acto seguido se fue.
Cuando Alice llegó, cogió el tulipán con cuidado y se lo acercó a las fosas nasales. Sonrió. Tenía ese peculiar olor a él; era único, especial. La reconocería a kilómetros a la redonda, estaba segura. Miró el reloj, se levantó y se fue, aún con el tulipán en la mano.
Todas las mañanas tenía un tulipán esperándola, pero el último tenía una tarjeta. "A las 9 pm aquí. Tengo ganas de conocerte. Yo te encontraré. Fdo: El chico de los tulipanes." Alice sonrió, intentando ocultar a duras penas su emoción. ¡Por fin iba a conocer a su chico misterioso!
Se pasó toda la tarde eligiendo que iba a llevar, enterrando la cama bajo un montón de ropa. Finalmente, se puso un sencillo vestido negro.
Cuando llegó, había un chico guapísimo esperándola con un ramo de tulipanes. El pelo castaño le caía levemente por encima de los ojos, y su amplia sonrisa la empujó también a ella a sonreír. Charlaron, rieron, se abrazaron... Alice nunca olvidaría esa noche, sin duda. Se sentaron en el banco donde siempre él la depositaba un tulipán, la miró a los ojos, la cogió suavemente de la barbilla y la besó. Sin prisa, como si quisiese acordarse de ello toda la vida. Alice correspondió, llena de amor, y supo que lo quería de verdad.
Cuando se tuvo que ir a casa, le pidió volver a encontrarse pronto. Su semblante se entristeció, y con una alegre sonrisa (que sus ojos delataban que era mentira) aceptó la propuesta. Volvió a besarla por última vez, y la dijo que la amaba. Por siempre.
Cuando ya apenas se le veía, no lo soportó más.
-¡Joseph! -gritó, pero su voz no era nada en comparación con el rugido de los coches que aún circulaban por allí-. No te vayas.
Pero entonces unos brazos fuertes la rodearon y notó una respiración contra su cabello.
-No te vayas. -Repitió.
-Estoy aquí, Alice -dijo-. Estoy aquí.

A la mañana siguiente, Alice descubrió apenada que no había un tulipán. Ni al día siguiente. Ni el siguiente. Ni el próximo. Comenzó a investigar poco a poco, y terminó llegando hasta la familia de Joseph. Les preguntó amablemente donde se encontraba Joseph; y ellos, con lágrimas en los ojos, la dijeron que un cáncer le había arrebatado la vida.
Alice echó a correr hasta llegar a su casa, y se rompió. Cayó de rodillas al suelo, y no se molestó en secarse las lágrimas. La costaba asimilar esa información. Había muerto. Su último deseo fue haberla conocido; y por eso su semblante se volvió tan tan triste cuando propuso verse de nuevo, porque sabía que iba a morir.
Cuando se hartó de llorar, buscó en internet el significado de los tulipanes rojos. "Amor eterno." No pudo más, y gritó con todas sus fuerzas.
Y cada mañana, se encargó ella misma de colocar tulipanes en el banco, aunque nadie fuese a recogerlos. En su memoria.
-Espérame, Joseph -murmuró-. Espérame.

sábado, 17 de marzo de 2012

Unknown.

Se metió lentamente en su cama, y se arropó con las sábanas hasta que casi sobrepasó la cabeza. Estaba harta de él, no podía más. Aún resonaban sus gritos en la dolorida cabeza de ella. No podía más. Rompió a llorar, pero por pura rabia. ¿Por qué siempre era todo así? ¿Por qué no podía cambiar nada? Joder, dolía terriblemente. Ahí, en el pecho. Se abrazó las rodillas con cuidado debajo de la manta, temiendo que pudiese romperse de un momento a otro, ya que ella se sentía muy frágil en ese momento. Sabía que alguna vez lo había querido, y en algún lugar del fondo de su ser, sabía que deseaba que la volviese a tratar como siempre, aunque solo fuese por una triste vez. Se tragó esos pensamientos, y dejó relucir su orgullo de nuevo. La había hecho mucho daño, sin duda, pero no lo haría una vez más. No se lo permitiría. Jamás. Nunca más, se prometió mientras se secaba lentamente las lágrimas de los ojos.
Y soñó. Soñó que volvía a ser una niña, que no había problemas, que si lloraba era porque no la compraban la nueva Barbie, que volvía a ser ella misma. Su vuelta a la realidad fue como una caída desde un ático. Aún así, decidió no rendirse. Pensaba luchar, aunque no tuviese fuerzas; aunque no quedase nada por lo que hacerlo; por sus promesas sin cumplir; por los recuerdos que debía tener; por los sueños que quedaban sin realizar; por los besos que aún seguían en el aire; por las sonrisas que nunca fueron mostradas. Por todo aquello que merecía la pena.
Simplemente, iba a luchar. Y se despertó con una sonrisa, dispuesta a hacerlo.



martes, 13 de marzo de 2012

Visitándolo pero ya. e___e

Bueno, señoras y señores, niños y niñas, gente que lea esta basura... Quiero que visitéis un blog, y como no lo hagáis, pues os pego. :3 Pero con cariño, ¿eh?
El blog es el siguiente: http://idealesdeunfriki.blogspot.com/
Es el blog de mi hamijo Manolito-kun. e3e Aún está comenzando, sí, pero dentro de poco tendrá muuuuuuchas cosas y será mas chachi aún. e_e Así que ya lo estáis siguiendo.
Arigato. :3

lunes, 12 de marzo de 2012

Indefinido.

Buscó su nombre con la mirada entre aquellas listas de las redes sociales, y un brilló involuntario lució en sus ojos. Estaba conectado, su nombre destacaba entre todos los demás. Se mordió el labio, ¿debía hablarlo? Y si es así, ¿qué le diría? "Hey, hola, estoy enamorada de ti aunque no te lo diré nunca. ¿Qué tal?" Suspiró. Tenía que quedar con él, contarle sus sentimientos y lo que Dios quisiese que pasara. Atravesó sus miedos a duras penas, y comenzó una conversación con él. Finalmente, quedaron el fin de semana. Sabía que se moriría de vergüenza cuando le mirase a la cara, pero ahora no podía echarse atrás, no después de lo mal que lo había pasado.
Entre exámenes, trabajos y pocas horas de dormir, llegó el fin de semana. La esperaba apoyado en la pared, con un casquillo colgándole por encima del pecho, con una media sonrisa, tarareando su canción favorita, mientras se tocaba inconscientemente el pelo. Sonrió embobada, hasta que él reparó en su presencia, obsequiándola con una sonrisa mayor. Sintió que enrojecía.
Echaron a andar, compartiendo risas y miradas de complicidad, hablando de tonterías y perdiéndose en la ciudad. 
Cuando ya casi caía la tarde, reunió el poco valor que pudo encontrar dentro de ella y se sentó, pidiéndole a él  que hiciese lo mismo. Y se lo confesó todo, cerrando los ojos y ocultando la cabeza entre su cabello.
Cuando finalizó, toda respuesta que recibió fue un beso. Y no necesitó nada más. 

domingo, 11 de marzo de 2012

Hey idiot, I love you.

Julie lo miró a los ojos. Él la devolvió la mirada, impasible. Retrocedió poco a poco, hasta toparse contra la pared, mientras él se acercaba a ella, tranquilo.
—A-aléjate de mí... -susurró levemente, pese a que quería que se acercase lo máximo posible a ella.
Él enarcó las cejas, divertido. 
—¿Y qué pasa si no te hago caso, pequeña Julie? -murmuró, derrochando malicia en cada una de las palabras.
—Pues que... -La voz de Julie tembló, así como sus piernas-. Que...
Se acercó del todo a ella, y la acarició la mejilla con ternura. 
—¿O qué?
Julie entreabrió los labios, esperando a que alguna voz divina apareciese y le diese una buena respuesta; mientras que él aprovechó este momento para juntar sus labios con los de la chica.
Abrió los ojos como platos, pero le terminó echando los brazos al cuello, disfrutando de la presión que ejercían sus labios sobre los de ella, aquel contacto que tantas veces había soñado. 
Cerró los ojos y los volvió a abrir, asegurándose que aquel momento no era un sueño. 
Sonrío. Sí, por mucho que lo hubiese intentado negar, estaba profundamente enamorada de él, desde siempre.
—Julie, ¿puedo pedirte algo?
—Claro. -Sonrío.-
—Dime que me quieres -susurró Henry.-
—Te quiero.
—Otra vez.
—Te quiero.
—Más.
—Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, [...], te quiero. -Rió-. ¿Para qué tantas veces?
—Porque queda más bonito oyéndolo de tu voz. -La abrazó con fuerza, y volvió a besarla.-
La había querido, desde siempre. Jamás lo pondría en duda.